lunes, 15 de mayo de 2017

"Fasching"

por  William Read, Ing-civil LfM THH (Alemania)

El primer contacto con un país nuevo queda grabado para siempre en la memoria del que viaja. A continuación los primeros días de una estadía de casi ocho años en la República Federal de Alemania del autor de este blog.

Era domingo 29 de febrero de 1960, algo pasado el mediodía cuando aterrizó el cuatrimotor en el aeropuerto de Munich. Habíamos perdido el vuelo desde New York a Londres -sobrevendieron el Jet de Panam que teníamos reservado- y nos enviaron a Londres, a Miguel y a mí, en un cuatrimotor ortodoxo de otra línea, saliendo  seis horas mas tarde.

Nuestra preocupación, que íbamos a llegar mas tarde de lo avisado y nadie nos esperaría a nuestra llegada, quedó relegada a segundo plano cuando nos asignaron asientos junto a una hemosa joven guatemalteca de origen alemán con quien charlamos las dieciseis horas que duró el vuelo transatlántico. Verena Topke se llamaba ella, hija de alemanes radicados en Centroamérica, se dirigía a Hamburgo a visitar parientes. Nos dijo que hablaba alemán como lengua materna; nosotros sabíamos solamente un poco que habíamos aprendido en unos cursos que brindaba la Embajada de Alemania an Santo Domingo, a cargo de una profesora de origen austríaco, Frau Stephanie Weissnicht.

Miguel y yo íbamos a tomar un curso intensivo de alemán al Goethe Institut de Munich, antes de asistir a los cursos de postgrado de la Technische Hochschule Hannover (THH), becados por el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD). En Londres nos llevaron a un hotel cerca del aeropuerto a dormir y nos recogieron unas horas mas tarde para continuar vuelo a Munich. Así fué que llegamos con unas 24 horas de atraso y naturalmente, nadie nos esperaba.

En el aeropuerto de Munich hicimos lo que hacían los otros (todos parecían alemanes) recogimos los equipajes, cambiamos unos cheques de viajeros de dólares a marcos y seguimos la corriente que nos llevó a un autobus color vino que decía en el frente, arriba, "Hauptbahnhof". "Mira Miguel, ese autobús nos lleva a la estación de ferrocarril, vámonos en el", le dije, y nos subimos. El autobús llevaba un remolque en el que todos entregaban su equipaje. Por el camino encontramos desfiles de carrozas y comparsas de disfraz que cantaban canciones en alemán para nosotros desconocidas. Con curiosidad, preguntamos, balbuceando alemán, de qué se trataba, del porqué de las comparsas y sólo nos contestaban "Fashing"!

Esa palabra no la habíamos aprendido porque es la versión bávara de "carnaval".
Era Domingo de Carnaval y no lo sabíamos porque en Santo Domingo se celebra tradicionalmente el carnaval coincidiendo con las Fiestas Patrias de la Separación de Haití el 27 de febrero. Para nosotros el carnaval ya había pasado. En Munich comenzaban los 3 días finales del carnaval clásico: Domingo de Carnaval, Lunes de Rosas y Mardi Gras. El Miercoles de Cenizas todo vuelve a la normalidad. El viaje duró como una hora por el congestionamiento del tránsito.

Ya en la estación de ferrocarril nos dijimos: ahora tomamos un taxi y nos vamos al Hotel Stachus, donde tenemos reservaciones y problema resuelto! Tomamos el primer taxi de la fila, el chofer colocó los equipajes en el baúl, nos abrió la puerta trasera y nos preguntó adonde íbamos. En su mejor alemán, Miguel le dijo "Hotel Stachus, bitte"! El chófer nos miró con la cara dura, hizo un giro de 180 grados y se detuvo. Se bajó del taxi y nos abrió la puerta diciendo "Hotel Stachus, meine Herren"! El hotel quedaba al cruzar la calle y no nos habíamos dado cuenta! Hablando en español le dije a Miguel "la ca**mos! al menos démosle una buena propina" Perdió su primer lugar en la fila de taxis para sólo cruzar la calle...

Por suerte nos buscaron habitación aunque la reservación se había perdido. En la estación de ferocarril compramos un plano de la ciudad y vimos que el Instituto Goethe quedaba a pocas cuadras de nuestro hotel. al otro día, lunes, fuimos temprano y nos dijeron que estaban preocupados porque pensaron que nos habíamos perdido en el carnaval...Esa misma tarde partimos para Degendorf-Brannenburg, una aldea al pié de los alpes bávaros, cerca de la frontera con Austria, donde había un Instituto Goethe al que estábamos asignados. El taxi -el único de la aldea- nos llevó al Instituto sin preguntar adonde íbamos. Allí nos asignaron "pensión" en casa de dos familias bávaras. Le dieron instrucciones al taxista y nos llevó a cada uno a nuestro nuevo hogar que lo sería por las próximas seis semanas. Nos dieron instrucciones de ir a cenar en el restaurant de la estación del ferrocarril de la aldea. Allí desfilaron casi todos los estudiantes de ese período Marzo-Abril de 1960. Era el 1ro de Marzo ese día.

El desayuno era cada día en la sede del instituto. El primer día repartieron los estudiantes por niveles de conocimiento de alemán. Uno de los maestros -y director del Instituto-, que desayunaba con nosotros, se puso de pié y dijo en alemán, en voz alta: "los que entiendan lo que digo, pasen por favor al salón de clases de al lado". Gracias al curso de alemán de la Embajada en Santo Domingo, entendimos Miguel y yo lo que él decía y caímos en el curso mas avanzado.
Recibíamos clases de alemán de lunes a viernes, de las 8 a las 16 horas. Los sábados hacíamos excursiones a las cercanías y los miércoles en la tarde no recibíamos clases para los que no tenían ducha en su casa se ducharan en el baño del Instituto



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