lunes, 1 de febrero de 2010

Relaciones Dominico Haitianas en la Primera Mitad del Siglo XIX

por Francisco G. Polanco C.

Arq. Francisco Galo Polanco Castro
C/6 No. 17 (altos) esq. Manuel de Jesús Troncoso, Ens. Paraíso
Ciudad de Santo Domingo, República Dominicana
Tel. (809) 566 5031 Fax (809) 562-2050
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23 de diciembre de 2009
Santo Domingo, D. N.

Al : Lic. Miguel Franjul
Director del periódico Listín Diario

Del : Arq. Francisco Galo Polanco Castro

Atención María Isabel Soldevilla
: Jefe de Redacción

Asunto : La haitianización de la República Dominicana

Distinguidos señores:

Como fiel lector de ese prestigioso periódico Listín Diario, me dirijo a ustedes para expresarles mi honda preocupación por las noticias publicadas en el día 17 de diciembre de 2009 por el periódico Listín Diario en su página 8A sobre el actual porcentaje (80%) de habitantes de origen haitiano que llenan los pueblos de las provincias dominicanas afectadas por la huida de los nacionales dominicanos que escapan de la miseria y del terror que provocan las distintas invasiones pacíficas de los haitianos indocumentados, trayendo estos últimos: Falta de higiene, hacinamiento, malas costumbres, inmoralidades y hasta crímenes contra nuestros compatriotas.

Todo esto ocurre ante la indiferencia de las autoridades dominicanas que no toman en cuenta los sacrificios de aquellos ilustres patriotas que lucharon en ardientes batallas que derrotaban a las invasiones haitianas durante el período comprendido desde 1805 hasta 1857.

Ya en los colegios privados y las escuelas públicas no se le enseña a los escolares de las crueles matanzas de nuestros nacionales por parte de las hordas haitianas, tanto en la invasión de Toussaint Louvertur quién entró a nuestro territorio en 1801 en nombre de Francia, deponiendo así al gobernador español Joaquín García quién ante el temor de no cumplir con lo dispuesto por el tratado de Basilea entre España y Francia que le cedía a Francia la parte oriental de la Isla de Santo Domingo, renunció y entregó la plaza a Toussaint Louvertur; éste a su vez puso como gobernador a su hermano Paul Louvertur, sin dejar de cometer atrocidades y asesinatos a su paso como lo había hecho en la parte occidental de la isla, matando un gran número de de colones franceses: 1,000 blancos masacrados, 1200 cafetales destruidos y 200 ingenios azucareros incendiados. El gobierno de Paul Louvertur fue breve, ya que el 25 de diciembre de 1802 tuvo que entregarle la plaza al general frances Kerverseau. La parte española (nuestro país) quedó bajo dominio francés bajo el mando del general Ferrand hasta la guerra de reconquista en 1809 llevada a cabo por el insigne caballero Don Juan Sanchez Ramírez.

En febrero de 1805 el Emperador haitiano Dessalines con un total de 27,000 soldados invadió nuestro territorio donde gobernaba el general Ferrand; el ejército invasor del norte al mando de Cristóbal estaba integrado por 9,000 hombres, mientras en el Sur iría al frente el propio Dessalines con 12,000 hombres, más 6,000 hombres comandados por Geffrard que se le unieron mas tarde, encontrando poca resistencia en el Sur y con dificultades en Santiago, pero, derrotaron a los dominicanos que hicieron resistencia, haciendo una represalia en extremo rigurosa, teniendo los que quedaron vivos que refugiarse en Moca. Los miembros del Ayuntamiento de Santiago fueron ahorcados y colgados en los portales del cabildo. Continuando su horrendo avance por todas las comarcas del país hasta su llegada a los alrededores de la Ciudad de Santo Domingo. Desde esa posición Dessalines dirigió una intimidación por escrito al general Ferrand y a los habitantes de la ciudad pidiendo la entrega inmediata de la ciudad, pero el general Ferrand se opuso incendiando el poblado de San Carlos para que los haitianos no se atrincheraran. Dessalines sitió la ciudad capital contando con la marina inglesa, pero pronto llegó una escuadra francesa comandada por el almirante Missiessy que acudió en auxilio del general Ferrand y de los habitantes de la ciudad. Defendida valerosamente por el coronel Don Juan Barón que murió heroicamente combatiendo al enemigo. Ante tales hechos Dessalines levantó el cerco y antes de huir el señor Pedro Andujar logró penetrar las filas haitianas (como me contara mi abuela materna Rosa Ramona Andujar González sobrina nieta del heroico Pedro Andujar) quien le quitó la bandera haitiana que el mismo Dessalines portaba. Dicha bandera fue guardada por la familia Andujar que residían en la Calle de El Conde durante 100 años. Esa casa estaba situada hasta 1938 donde en la actualidad está el Edificio Copello.

En su huida el Emperador Dessalines dio órdenes precisas de ejecutar y empujar el resto de los habitantes, de los animales y bestias, reduciendo a cenizas los pueblos, aldeas, hatos y ciudades, llevando por todas partes la devastación, el hierro y el fuego y no perdonando si no a los individuos que le rendían pleitesía a su majestad, conduciéndolos como prisioneros en su siniestra retirada. Los pueblos mas afectados por los efectos de las devastaciones fueron: Monte Plata, San Francisco de Macorís, Cotuí, Moca, Puerto Plata, Monte Cristi, Santiago y la Isabela, los cuales fueron incendiados. En Moca, quinientas personas fueron degolladas en plena iglesia a puertas cerradas incluyendo al sacerdote que oficiaba un ‘Tedeum’ fue ensartado en las bayonetas el día 3 de abril salvándose muy pocas personas para contar los hechos, mientras en Santiago muchos prisioneros fueron llevados y fusilados y cientos llevados a pie a Haití. ¡Y pensar que mas tarde esas hordas salvajes dominaron nuestra Patria durante veintidós largos y pesados años!....

Como se ha descrito anteriormente todas las invasiones haitianas fueron del mismo tipo de acción y estaban orientadas a la conquista del Santo Domingo español.

Ante la noticia de que la parte española de Santo Domingo había proclamado su independencia y se había separado de España el día de San Andrés, 30 de noviembre del 1821 por la declaración de independencia realizada por el Dr. José Nuñez de Cáceres con el nombre de Estado de Haití Español, sin la debida abolición de la esclavitud de los negros y que dicho señor había puesto este nuevo estado bajo el amparo de la Gran Colombia, pidiéndole protección a Simón Bolívar, habiendo este último en varias ocasiones haberse refugiado en Haití cuando luchaba contra los realistas españoles y amigo personal de Juan Pierre Boyer y que Simón Bolívar le había instado proteger al nuevo estado y a sabiendas que el Dr. José Núñez de Cáceres no contaba con un ejército comparable al de la República de Haití. Juan Pierre Boyer enterado que ya en Santiago, Puerto Plata, Cotuí, La Vega, Macorís, Azua, San Juan de la Maguana y Neiba se había enarbolado el pabellón haitiano, mandó una comisión de oficiales del ejército haitiano a entrevistarse con el Dr. José Núñez de Cáceres diciendo que él apoyaba la decisión de éste, pero que la Isla era una e indivisible y que se preparara para enarbolar el pabellón haitiano en la ciudad de Santo Domingo, dándole Boyer garantías que “aseguraría derechos a su estimación y conservaduría, títulos preciosos para con todos sus conciudadanos.” Al recibo de esta carta por el Dr. José Nuñez de Cáceres convino con aceptar colocarse bajo el amparo de las leyes de la República de Haití.

Con un ejército de bien equipado de 12,000 soldados que dividió en dos grupos, el 28 de enero de 1822 penetró una parte por el Norte dirigida por el general Guy Bonnet, mientras la otra bajo su propio mando secundado por el general Borgellá, entró con gran pompa a la Ciudad de Santo Domingo por la puerta de El Conde en medio de aclamaciones y repudios, la salva de 21 cañonazos y el repiqueteo de campanas. Fue recibido por el Dr. José Núñez de Cáceres, quién en acto de entrega, pronunció un famoso discurso donde esbozaba el paralelismo e incompatibilidad de ambos territorios y a continuación presentó a Boyer en una bandeja plata, las llaves de la ciudad primada de América.

Consumada la ocupación haitiana se abolió la esclavitud, pero comenzaron los crímenes de la soldadesca haitiana como la violación, asesinato y descuartizamiento de las tres vírgenes de Galindo a saber: Águeda, Ana, y Marcela cuyos restos fueron echados en el pozo de agua de la finca de Galindo y también asesinaron a su padre el caballero Don Andrés Andujar en la misma finca, el fusilamiento en el fuerte de San Gil en el 1824 de Lázaro Nuñez, José María Altagracia, Facundo Medina y Juan Jiménez integrantes de la conspiración de Los Alcarrízos que optaba por la vuelta al dominio de España. La destrucción del convento de San Francisco, el cual fue usado como cantera para realizar obras como el Palacio de Borgellá, reparación de calles, etc….; la destrucción del Hospital San Nicolás de Bari; el cierre de la Universidad Santo Tomás de Aquino que ya estaba en vías de desaparecer; el uso de las iglesias como cuarteles; destierro de ciudadanos pacíficos; disolución del cabildo; la negación del derecho de propiedad a los habitantes del Santo Domingo oriental de raza blanca tal como lo consigna la constitución de la República de Haití de 1843; implantando el oriental de raza blanca tal como lo consigna la constitución de la República de Haití de 1843; implantando el idioma francés y prohibiendo el castellano; o sea gobernando así despóticamente; en síntesis llevando a la más grande humillación a todos los habitantes de la parte oriental de la Isla de Santo Domingo.

Proclamada la separación de Haití en la puerta de la Misericordia por un trabucazo dado por el patricio Ramón Matías Mella en la madrugada del día 27 de febrero de 1844 y a la enhestación de la bandera tricolor por en la puerta de El Conde por el patricio Francisco del Rosario Sanchez inspirados por los ideales del fundador de la nacionalidad, Juan Pablo Duarte, dándole fin a la ocupación haitiana y la buena acogida de los residentes de la ciudad de Santo Domingo quienes hondearon banderas españolas en su mayoría y francesas algunas. Como respuesta a este gesto surge la invasión de Charles Herard que fue demolida por el general Pedro Santana secundado por el general Antonio Duvergé en la batalla del 19 de marzo de 1844 en Azua. No obstante Charles Herard en su retirada incendió el pueblo de Azua, fusilando a los prisioneros que había hecho.

El 30 de marzo de ese mismo año las fuerzas dominicanas al mando del general José María Imbert en compañía de Fernando Valerio en su Carga de los Andulleros derrotaron al ejército invasor haitiano, el cual en su repliegue cometió inmensas fechorías, robos e incendios hasta llegar a Haití.

Al año siguiente en mayo de 1845 el general Pedro Santana asistido por el general Antonio Duvergé y el general José Joaquín Puello, vencieron a las salvajes hordas haitianas en la Estrelleta y en Beler y capturaron en Puerto Plata a la escuadra haitiana que había bombardeado esa población causando cuantiosos destrozos.

En marzo de 1849 el presidente de la República de Haití Soulouque inició su campaña contra la República Dominicana al frente de un ejército de 18,000 soldados matando a todo el dominicano que encontraba a su paso, haciendo que las poblaciones se llenaran de terror tratando de refugiarse en la Ciudad de Santo Domingo ante la violencia desatada por los soldados haitianos. En razón de esta situación el presidente dominicano Manuel Jiménez fue derrotado en su intento de parar la invasión haitiana y se vio obligado a aceptar la decisión del congreso de la República de llamar al general Pedro Santana en compañía del general Antonio Duvergé para hacerle frente al ejército invasor. Mas tarde el general Duvergé logró derrotar a los haitianos en la batalla del Número y tres días después de esta batalla el general Pedro Santana se llenó de gloria derrotando a los haitianos en la batalla de las Carreras.

En el 1855 el emperador Soulouque invadió de nuevo la República con 30,000 soldados, divididos en tres columnas sembrando el terror e incendiando todo lo que encontraba a su paso hasta que fueron derrotados en las batallas de Santomé y en Cambronal huyendo los haitianos en dirección a Haití. Mas tarde fueron reducidos en Sabana Larga. Este triunfo dominicano le valió al general Pedro Santana el reconocimiento del Senado de la República Dominicana.

Posteriormente a la restauración de la República los haitianos ocuparon Hincha, Cachimán y Las Caobas que hasta nuestros días continúan bajo el dominio haitiano.

La descripción antes expuesta sobre los héroes y las grandes batallas que se libraron para desalojar las huestes haitianas de nuestro territorio sirvan de enseñanza a los niños y jóvenes que por falta de instrucción escolar ignoran el peligro que afronta la soberanía del pueblo dominicano.

Atentamente,



Arq. Francisco Galo Polanco Castro

1 comentario:

  1. Espero que las relaciones dominico-haitianas sean lo mas diplomáticas posible y que cada pueblo respete la soberanía del otro.

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